El pacto de la Infamia

El 29N el gran teatro de la Infamia. La lección del contrapoder institucionalizado post 15M está siendo demoledora: la infamia como método político. La infamia no es la respuesta del poder popular para encarar a las fuerzas reaccionarias, es la miseria de quienes pretendieron asaltar los cielos y quienes se nombraron sacerdotes de la Unidad en momentos de emergencia democrática. No cabe hablar de esperpento ni del ruedo ibérico al estilo de los rojos. En momentos decisivos, cuando se está incendiando el provenir, “la política” y “lo político” quedaron en manos de la INFAMIA.

¡Yo mayoría social ACUSO!

Una máxima perversa de ciertos enfoques de la política y expresión de anomía antropológica es plantear que en el espacio de las izquierdas el problema está en una «parte de esa izquierda» y que la «otra parte es la correcta» respecto de la coyuntura histórica. La historia tomó está formulación como un mantra insuperable.

Gustavo Petro respondía recientemente a la pregunta de porqué fracasaban las izquierdas señalando como una causa, entre muchas otras, al error de romper la comunicación con los electores en campaña. ¿No se han enterado que queremos una sola papeleta?


El infame espectáculo que estamos presenciando con las izquierdas nos los merecemos, nos lo hemos ganado a pulso. Las ciencias sociales se preguntan ¿Por qué los pueblos votan a sus verdugos? El verdugo puede ser de derechas o de izquierdas en uno y otro sentido. Progresista o conservador. Está interrogante es crudamente vigente en esta dolorosa coyuntura.

 Frente a la denigración de la política somos parte de una izquierda pasiva, conformista, cómoda, indolente, indiferente, chic e incapaz de formular autocrítica valiente. Somos parte de una izquierda de la cobardía que se reúne en sus rituales para venerar a la melancolía, respirar en espacios de la vieja política nacional o internacional, y lo peor, subliminal, al canto de la narrativa de chamanes de la destrucción.

La hipótesis posterior al 15M hizo creer que surgió una izquierda que se decía nueva, innovadora, generosa, que renovaba el futuro; sin embargo, esa izquierda confirma en este momento de gravedad de qué va la política: montar un espectáculo para disputar el poder por el poder. No hay proyecto de país, ni campo de lucha para las esperanzas. Solo hay lugar para la venganza, traición y ambición. Por eso los indignados por la vivienda en la acampada de Sol no quieren saber de nada de esa izquierda ni de esa forma de hacer política. La izquierda de las listas y lugares no es la izquierda de la acampada de sol, ni tampoco es la izquierda para defender el futuro. No es que a los indignados por la vivienda ahora se le deba dar el lugar del Olimpo, el monte más alto en el cielo de las izquierdas de verdad; se lo arrebataron a pulso al teatro de la infamia.

En todo caso lo de Rufián y Pablo Iglesias es la jugada maestra de la «traición y venganza», operada como un espectáculo de denigración de la política y el desprecio al poder popular. Merecido para los comunes por soberbios y abyectos, Ada Colau pecando de ingenua y salvadora, y el infame Frente Amplio una jungla de vanidades, codazos en la foto, ambiciones y mezquindad, ahora están en la insignificancia y expuestos al rechazo social.

Rufián maestro de lo rufián, la impostura y el engaño. Sacerdote de la seducción. El hambre de la izquierda le entregó su cuerpo y virginidad. Le queda muy bien el personaje de uno de los últimos libros de Javier Cercas: El impostor.

La indignidad no alcanza para este paisaje denigrante. Psoe metido en su propio estupor recogerá frutos de esa izquierda aniquilada como proyecto popular pero viva en la ambición personal, conspicua en los negocios de comunicación y un arma mortal de venganza.

De la infamia pasarán a la desvergüenza asumiendo que representan el mismo campo de lucha que Zohran Mamdan en Nueva York y Elif Eralp en Berlín. Vázquez Moltalbán predijo el tiempo de los subnormales.

Y, PP y Vox cantan ya cara al sol en la Moncloa. La historia es infalible las izquierdas no necesitan a la derecha reaccionaria para destruirse.

 Estás elecciones van de traición, venganza y verdugos. ¿Y las ejecutivas de los partidos de qué van? ¿Y quiénes alzaran la voz para que, con dignidad, se puedan conjuntar fuerzas de poder popular y étnico racial con las que enfrentar al terror reaccionario que viene?

La izquierda Confederal

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