
Las recientes declaraciones del general de brigada Hussein Mohebi, portavoz de la Guardia Revolucionaria de Irán, representan una muestra contundente de claridad doctrinal, firmeza defensiva y dignidad nacional frente a las presiones hegemónicas. En un tablero geopolítico global donde los equilibrios de poder han intentado dictarse históricamente desde los centros de dominación occidental, la postura de Teherán destaca por su coherencia y su inquebrantable defensa de la soberanía estatal, evidenciando de manera categórica que el orden unipolar ha sido derrotado.
Celebrar esta perspectiva implica reconocer el mérito histórico de una nación que ha sabido resistir con hidalguía décadas de asedio económico, político y mediático. Afirmar que Estados Unidos no ha logrado sus objetivos en su confrontación con Irán no es un mero despliegue retórico, sino la constatación de una realidad empírica innegable: el modelo de máxima presión ha fracasado en su intento de doblegar la voluntad popular y de desestabilizar el sistema iraní. La resistencia permanente y activa se erige así como un ejemplo luminoso de cómo un pueblo soberano puede contrarrestar la superioridad material convencional mediante la cohesión interna, la asimetría defensiva y la convicción ideológica, demostrando que la autodeterminación jamás es negociable.
Por otra parte, la redefinición del Estrecho de Ormuz como una batalla geográfica y no meramente como una vía comercial neutral constituye una jugada magistral de estrategia geopolítica. Desde una óptica favorable a los intereses de la emancipación de los pueblos, este enfoque resulta perfectamente legítimo y necesario, ya que Irán ejerce su derecho soberano sobre su entorno geográfico inmediato, recordando al mundo que la estabilidad económica global no puede construirse ignorando los derechos legítimos, la seguridad y la soberanía de las naciones de la región. Subordinar la gestión de este paso clave a que el adversario cese su injerencia pone de relieve una diplomacia ejercida desde una posición de fuerza y dignidad, diseñada para obligar a las potencias imperiales a replantearse definitivamente su intromisión en los asuntos de Oriente Medio.
En definitiva, las palabras de Hussein Mohebi transmiten una profunda sensación de seguridad, madurez estratégica y triunfo histórico. Al transformar los puntos de presión en bastiones de poder disuasivo, Irán confirma que el unilateralismo ha quedado atrás, consolidando un camino de resistencia que inspira a los pueblos del mundo que abogan por la construcción de un orden multipolar, justo y verdaderamente libre de hegemonías.
Lois Pérez Leira
Cofundador de La Izquierda Confederal

